• La conexión de todas las cosas: IoT = El Internet de la transformación

Máquina de cerámica

Conectar objetos físicos dentro de una red no es un concepto novedoso. Conectar 50.000 millones de objetos, sí.

Basta con pensar en la aparición del Internet de consumo. Durante los últimos 20 años, más de 3.000 millones de personas se han conectado a través de sus ordenadores, tablets y smartphones. Pensemos ahora en la llegada del Internet Industrial, con el que 50.000 millones de dispositivos —o “cosas”— se conectarán a Internet y compartirán una enorme cantidad de datos.

Bienvenid@s al Internet of Things (IoT).

En su concepto más básico, el IoT consiste en “cosas” —y con este término nos referimos a casi cualquier cosa que se te ocurra: una nevera, un coche, un transformador, un termostato, un avión, un motor, un variador de velocidad, un acondicionador de aire, una cámara de seguridad— que comparten datos sobre su estado actual (“Estoy funcionando conforme a las especificaciones” o “Necesitaré una reparación en breve”) y el entorno en el que funcionan (“No hay nadie en el edificio” o “Hay demasiado fluido en la válvula”). Estos datos pueden compartirse directamente con dispositivos de control, un programa de software o un ser humano para actuar de forma inmediata o acumular información para el futuro.

Y si bien hay quien considera que el Internet of Things es la avanzadilla de la invasión de las máquinas, el IoT tiene poco que ver con cíborgs a la caza de Sarah Connor y sí mucho con tuberías equipadas con sensores y capaces de informar a la empresa de aguas local de la existencia de una fuga bajo la calle mayor.

Como la evolución lógica y la aceleración de la Era de la Información, el IoT transformará nuestra forma de vivir y trabajar, gestionará recursos valiosos, ejecutará procesos de fabricación y operará las empresas. Y sobre todo, creará y fomentará nuevas oportunidades económicas, ya que, según algunas estimaciones, el impacto del IoT sobre el PIB mundial superará los 14 billones de dólares en 2020.

Equípalo con sensores

Aunque el IoT no es una idea completamente revolucionaria, la confluencia de diversos factores lo ha convertido en una realidad.

En primer lugar, el número de sensores en uso hoy en día ha crecido exponencialmente, alimentado por una drástica caída de su precio y de la energía que necesitan para funcionar. A medida que el coste de los sensores descendía desde decenas de miles de dólares hasta unos pocos dólares (o incluso unos centavos), la posibilidad de “equipar algo con sensores” ha abierto las puertas al uso de miles de millones de dispositivos conectados, que pronto serán decenas de miles de millones.

En segundo lugar, la conectividad ha mejorado tremendamente. La tecnología de comunicaciones revolucionaria que ha dado lugar a la revolución de las comunicaciones personales —basta con pensar en la transición del cable a la tecnología inalámbrica, las redes 1G a 4G y más allá— no solo ha hecho posible compartir datos en cualquier momento y lugar entre “cosas”, sino hacerlo de un modo más simple y fluido que nunca.

En tercer lugar, hoy en día se transfiere un volumen de datos sin precedentes. Mientras que en décadas anteriores los sensores transmitían bits de datos simples, los sensores y actuadores modernos generan 100 exabytes de datos al mes. Esto es lo que denominamos Big Data.

En cuarto y último lugar, ahora es posible analizar este enorme volumen de datos —y con rapidez— gracias en gran medida a servicios de almacenamiento en la nube económicos, como los ofrecidos por Amazon, Google, Microsoft y similares. El éxito de la empresa equipada para el IoT depende no solo del volumen de datos generados a los que se tenga acceso, sino de la velocidad con la que esos datos puedan traducirse en inteligencia operacional útil.

En resumen, la confluencia de un gran número de sensores asequibles instalados en grandes cantidades, la capacidad para transmitir enormes volúmenes de datos y la posibilidad de almacenar estos datos y analizarlos con rapidez ha comenzado a hacer realidad la visión del IoT.

Eficiencia hoy, transformación mañana

Como cabía esperar, las primeras pruebas del IoT en las empresas han tenido como fin mejorar la eficiencia operativa y optimizar el seguimiento, mantenimiento y rendimiento de los equipos, lo que repercute directamente sobre los resultados económicos. Beneficiándose de los factores que han hecho más asequibles y potentes los elementos que sustentan el IoT, las empresas modernas están a punto de ser capaces de supervisar más eficazmente todos sus equipos en lugar de tan solo un pequeño porcentaje, como era habitual.

(Ver el White Paper de Schneider Electric, El Industrial Internet of Things: evolución hacia una empresa de fabricación inteligente, para conocer el punto de vista de los expertos y un análisis del modo en el que enlazar los sistemas de automatización y los sistemas de planificación, programación y ciclo de vida de producto de la empresa a lo largo de toda la cadena de valor aumenta el control empresarial).

Una cobertura completa de los equipos significa que cada máquina de un proceso de producción o cada dispositivo de una cadena de suministro ahora puede comunicar si está funcionando dentro de las especificaciones y si necesita ser reparado, lo que maximiza el tiempo de actividad, la productividad y la rentabilidad. Para una empresa —como una empresa eléctrica— con millones de equipos distribuidos a lo largo y ancho de cientos de kilómetros, poder conocer proactivamente cómo funciona cada uno de ellos es fundamental.

A través del IoT, un sensor en una sala de juntas puede determinar si hay alguien en su interior e informar al sistema de gestión para que apague las luces y la climatización para ahorrar energía. Su impacto puede ser aún mayor si se conecta con la información climatológica para dar forma e informar a los controles ambientales del lugar de trabajo del mañana. Empleado a una escala más global, el IoT puede ayudar a los managers energéticos a examinar su portafolio de edificios, accediendo a datos históricos y en tiempo real para determinar las inversiones en eficiencia energética que ofrezcan un mayor retorno.

En cada uno de estos casos, los datos, transformados en inteligencia operacional útil, aportan a la empresa las herramientas que necesita para sustituir la gestión "instintiva" por una toma de decisiones basada en analíticas. El IoT ayuda a eliminar las suposiciones.

El potencial de ahorro económico es ingente y global. Las empresas de logística optimizan las rutas de reparto empleando datos del IoT; los fabricantes ejecutan sus procesos con mayor eficiencia, formando a los nuevos empleados de manera más eficaz y mitigando el riesgo con mayor seguridad, mientras que los propietarios de inmuebles comerciales y los operadores de instalaciones maximizan el confort de los ocupantes al tiempo que minimizan los costes.

Atacar la ineficiencia en la empresa a través del IoT es, sin lugar a dudas, un excelente punto de partida. Sin embargo, el IoT también ofrece un enorme potencial para el aumento de los ingresos. Al igual que la plataforma iOS y la App Store de Apple fueron el detonante de una revolución mundial en el desarrollo de aplicaciones y su innovación, la perspectiva de una explosión liderada por el IoT plantea las mismas atractivas posibilidades para el Internet industrial.

La aparición de tales plataformas IoT no solamente impulsaría su aplicación generalizada y el desarrollo de un ecosistema, sino que también generaría nuevos modelos de negocio basados en servicios para gran variedad de sectores. En un mundo así, las “cosas” no se comercializarían como tales, sino más bien en función del valor o los resultados que proporciona su naturaleza conectada.

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